
La publicación de la LOGSE en 1990 cambió el panorama de los conservatorios superiores de música en España. Por aquel entonces todo parecía apuntar a que se reduciría el número de centros existentes y se adoptaría un modelo parecido al francés, donde únicamente existen dos conservatorios en los que se imparte el grado superior, París y Lyon. Finalmente este modelo de centros grandes no solo no se ha establecido en nuestro país sino que, más bien al contrario, la realidad actual dibuja un panorama en el que se pueden contar (salvo error por mi parte) nada menos que 21 conservatorios de nivel superior. Es decir, casi la mitad de las provincias españolas cuentan con un centro de estas características e incluso se llegan a dar casos de abundancia que llaman poderosamente la atención: en la Comunidad Valenciana cada una de las tres provincias que la integran disfruta de un conservatorio superior y en Andalucía ya son cinco las provincias en las que sus habitantes pueden concluir los estudios oficiales de música (Sevilla, Málaga, Córdoba, Granada y Jaén).
Por contra, hoy tan solo dos comunidades autónomas, Cantabria y La Rioja, carecen de un conservatorio superior de música y, curiosamente, son también las dos únicas en las que tampoco existe una orquesta profesional (ya sea grande, mediana o pequeña), situación que parece decirnos que existe una clara o al menos mínima relación de causa-efecto en el hecho de que no contemos con estas instituciones: todo parece indicar que carecemos de una orquesta porque no tenemos el centro que genere los profesionales necesarios para su existencia. Lo cierto es que históricamente nuestra tierra no ha gozado en materia de música de una buena infraestructura educativa. No es hasta 1999 cuando se establece el primer conservatorio perteneciente a la red pública de centros (el conservatorio profesional “Jesús de Monasterio” de Santander) lo que evidencia un atraso del que aún no nos hemos recuperado.
De todo esto se desprende que es mucho más fácil ser músico en cualquier comunidad autónoma de España que en Cantabria y de ahí que sean pocos los estudiantes que, una vez finalizado el grado medio, continúen cursando el ciclo superior de música, estando forzosamente obligados los que así lo hacen a desplazarse a otras comunidades autónomas (País Vasco, Asturias, Madrid). Pero, ¿sabemos cuántos estudiantes que se decantan a los 18 años por el estudio de una carrera distinta a la música hubieran proseguido sus estudios musicales en caso de disponer de los medios económicos suficientes para hacerlo en un domicilio distinto del de su familia?. Aquí es preciso constatar, además, que los músicos, teniendo que afrontar los mismos gastos que el resto de los estudiantes han de enfrentarse de forma peculiar al hecho de adquirir un instrumento profesional que habitualmente es caro y, en ocasiones, carísimo. Por lo tanto, o seguimos permitiendo que la música sea una sangría económica para las familias, o hacemos que nuestros responsables educativos inventen soluciones que permitan a los estudiantes de música de Cantabria realizar en su tierra el grado superior de música.
Una forma sencilla e inmediata de cambiar nuestro destino pasaría por crear un centro superior de música en las actuales instalaciones del Conservatorio Jesús de Monasterio. Actualmente este edificio alberga las enseñanzas de los grados elemental y profesional (que es como ahora se llama el grado medio) y tiene una utilización diaria mínima, prácticamente nula, hasta las 16’00 horas, momento en el que comienzan las clases de música los estudiantes que hasta entonces han asistido en sus colegios a la enseñanza general y, al contrario, registra una ocupación del 100 % entre las 18’00 y las 20’00 horas. Esto no sería un problema, sino una solución, ya que en todos los conservatorios superiores españoles la actividad lectiva se desarrolla casi en su totalidad en horario de mañana, pues cuentan con un alumnado con una dedicación exclusiva a los estudios musicales que así lo permite. Es decir, con la implantación del último ciclo de enseñanzas musicales se podría pasar a la situación de un edificio plenamente rentabilizado que en realidad albergase dos centros, un conservatorio superior de 8’00 a 16’00 horas, y un centro de grados elemental y profesional de 16’00 a 22’00 horas. Esto, lejos de ser un invento impracticable, es una realidad que se da en ciudades como Oviedo, por citar un ejemplo cercano y que muchos de los estudiantes cántabros emigrados conocen muy bien. También el profesorado podría ser compartido, con dedicaciones lectivas impartidas en uno u otro centro, e incluso completadas entre ambos, con lo que no se puede aducir que la crisis que estamos padeciendo hace imposible la creación de un nuevo centro. En este caso creo que, como dicen algunas inteligentes campañas publicitarias, la crisis no es más que una oportunidad para mejorar las cosas.